Lo esencial es invisible a los ojos.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Cuando estaba con ella sentía que valía la pena hacer todas esas cosas normales que hacen las personas normales.
Mattia pensó que nada bueno había en tener una cabeza como la suya, que con ganas se la habría arrancado y sustituído por otra, incluso por una caja de galletas siempre que estuviera vacía y fuera ligera. Quiso contestar que sentirse especial era una jaula, lo peor que podía pasarle a uno, pero se abstuvo.
Estaban unidos por un hilo invisible, oculto entre mil cosas de poca importancia, que sólo podía existir entre dos personas como ellos: dos soledades que se reconocían.


Paolo Giordano, La soledad de los números primos.

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