Lo esencial es invisible a los ojos.

viernes, 14 de mayo de 2010

¡Hasta nunca!

Cogí aire y pasé a tu lado. No tenía alternativa, era eso o dar la vuelta entera al edificio y cambiar de calle. Me ahogan los recuerdos…

Hueles igual. Tienes el mismo tono de piel que sigue pareciendo igual de suave. Los mismos ojos verdes. La misma boca de gesto torcido que te da ese aire travieso y encantador. Pero estás muchísimo más delgado. Has crecido y llevas gafas. ¿Cuántos años tienes ahora, dieciocho? Si aprobabas el curso al acabar bachiller tus padres te regalaban una moto, pero querías dejar de estudiar. Te aburría. La constancia y la responsabilidad te resultaban insoportables. Cada vez que salíamos de la academia lo repetías, reías y te pasabas la mano por el pelo poniendo cara de no haber roto un plato en tu vida. "Es que no sirvo para esto..." Qué gran verdad. Vagancia patológica e indisposición total de alguien a quien nunca le ha gustado aprender.

Sonrío para mis adentros y me giro para mirarte. Hacía meses que no te veía. Tan solo un segundo, un instante. Tengo que comprobar que sigues siendo quien dejé atrás.

Te vuelves serio pero mantienes la mirada impasible. Te aclaras la garganta y te incorporas intentando aparentar ser el tipo duro que nunca has sido. Acercas a tu boca el filtro húmedo de un cigarro a medio terminar. Me pregunto desde cuando fumas, pero en realidad no me interesa. Suspiro. Giras la cabeza, te abandonas al humo. Bajas los párpados intentando hacerte el interesante. Y como no dejo de observarte aparece el color rojo que se posa descarado en tus mejillas ¡Evidencia! Casi puedo ver como fluye el espeso líquido por las venas de tu cuello y como se desliza lento hacia arriba. Tú sonrojándote… el Adrián que yo conocí jamás lo haría. Lo ocultaría con una sutil broma estúpida sobre alguna intrascendencia, siempre tan dispuesto a encararse con sus sentimientos.

Entornas los ojos e incluso pareces dispuesto a hablar. Pero da la casualidad de que con esa forma que tienes de mirarme ya no me impresionas en absoluto. El aire que te das de hombre mayor y maduro nunca ha ido contigo… y además no necesito que digas nada, ¿no recuerdas que te odio? Por un momento ambos lo olvidamos. Menos mal que me he dado cuenta a tiempo. Retiro la mirada. Doy media vuelta, hecho un pie hacia delante, avanzo. Pero me sigues como quien no quiere la cosa. Pasas a mi lado. Rozas con la yema de tus dedos mi muñeca izquierda. Agarras el meñique, lo mantienes unos segundos, lo sueltas. Me dejas atónita, qué pasa, ¿me echas de menos? Te alejas a zancadas y desapareces calle abajo con tu metro ochenta. Te aborrezco tanto..

Así te evapores como aire y desaparezcas para siempre.

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